Inspirada en el episodio bíblico de Abraham bajo las encinas de Mamré (Gn 18:1-15), esta pieza de videoarte indaga en la memoria sagrada, el gesto ritual y el cuerpo como mediador de lo invisible. Desde una mirada actual, esta pieza de videoarte revive el momento de la revelación divina, no como narrativa histórica, sino como latido persistente en el tiempo.
Una mujer —figura ambigua entre lo humano y lo místico— envuelve con un velo blanco el tronco de una encina antigua. No lo cubre para ocultar, sino para señalarlo de igual manera a cómo se marcan los lugares santos, como se amortaja lo que aún respira. Su gesto, lento y litúrgico, desenvuelve la tela en un acto de apertura, una revelación sin palabras donde el árbol es sólo una forma viva, sino que aparece como umbral, altar y presencia consciente.
La encina es más que un árbol: es testigo de pactos, de voces silenciadas y de memorias inscritas en la corteza. El velo es más que tela: es fe, es feminidad, es tiempo suspendido. La mujer es más que cuerpo: es mediadora, es profeta, es artista. “El Velo de Mamré” es una contemplación sobre lo sagrado que no necesita templo, sobre lo femenino como canal de lo eterno, y sobre el arte como espacio de ritual.