La invención de la naturaleza

La invención de la naturaleza es un nombre que evidentemente alude a Alexander von Humboldt, el cientí co alemán del siglo XIX que fue el primero en plantear que la naturaleza era un todo y lo hizo, paradójicamente, a través de investigaciones y descubrimientos de el- ementos aislados que fue clasi cando por cualquier parte del mundo. Sus láminas de plantas y animales son las últimas que mostraron cómo eran las tierras exóticas de América o África con dibujos, ya que la llegada de la fotografía empieza a sustituir esta práctica por tomas directas de los especímenes encontrados y catalogados a través de la lente de una cámara. Es por tanto su exploración botánica de medio mundo la última en hacerse “a mano”, sin mediación de máquinas fotográ cas eles a la realidad y con una con belleza particular en las láminas en las que el espectador todavía tenía un margen de imaginar y completar esa natura- leza que se le mostraba con sus propias fabulaciones.La fotografía era por entonces un medio en ciernes que aspiraba a parecerse a la pintura para dejar atrás esa parte mecánica y distante que que lo alejaba de un público que no estaba pre- parado para tal choque de realidad acostumbrado a ciertos márgenes de imperfección que eran justo los que de nían la personalidad de los artistas. Por ello el movimiento pictorialista de nales del siglo XIX y principios del XX buscó elevar la fotografía al nivel de otras artes como la pintura o la escultura inspirándose en la idea de imitación de la atmósfera de los lienzos o los grabados a través de técnicas como la goma bicromatada o el carbón fressón. No será hasta bien entrado el siglo XX cuando la fotografía se desprenda del lastre que supone imitar a la pintura y encuentre su propio lenguaje por caminos completamente diferentes y ajenos a la emulación de lo pictórico. Actualmente, en pleno siglo XXI la fotografía está tan segura de formar parte por sí misma de las bellas artes que incluso una de las tendencias más claras del momento es la inspi- ración directa en la pintura, hay una revisión clara del pictorialismo sin ataduras a través de la temática y sobre todo la luz. Exposiciones de los últimos años como “Seducidos por el ar te” o “el impacto de lo viejo” y publicaciones como “el objetivo barroco. Fotógrafos del drama” son un buen ejemplo de ello. 1Dentro de esta revisión de la idea de lo pictórico a través de la fotografía podríamos encajar sin ninguna duda las imágenes de la exposición invención de la naturaleza de Macarena Gross. Hay una belleza simple en las fotografías, una cercanía a lo natural inspirada en la línea, en lo orgánico sin aditivos, en la menudencia como representación del todo.Todo es sugerido, no hay que explicar mucho más, la nura de los tallos podrían parecer trazos de lápiz o la textura tan conseguida de la imagen confundirse con un grabado.Esa ambigüedad en el primer encuentro con la imagen consigue retenernos en la obser- vación, nos invita a investigar, a pararnos unos segundos para disfrutar los matices de tono, los pequeños golpes de color. Además las fotos de Macarena tienen ese clima de magia de una lámina botánica del siglo XIX, dan un margen al espectador para completar la imagen con sus propias experiencias. Algunas plantas como el cardo se vuelven cercanas, otros como el trigo nos llevan a lo espiritual por su relación con la religión, el girasol nos trae la primavera… es inevitable que además de lo pre- sente las plantas nos trans eran toda su simbología.El tema de la vuelta a la naturaleza y el bodegón con plantas tiene su referencia más evi- dente dentro de la historia de la fotografía en Karl Blossfeldt , el profesor de arte que fotogra – aba las plantas como muestrario para realizar piezas de forja. Desde entonces han sido muchos los que con la supuesta neutralidad de lo cientí co han interpretado la taxonomía de las plantas y hoy son incontables los autores que tocan este tema que parece tan sencillo pero del que es posible obtener muchas versiones.Solemos encontrar dos maneras de afrontar la cuestión. La primera re exiva o incluso irónica que busca apropiarse la la parte formal y que suele ser una investigación. Muy metódica con el propio medio. Como por ejemplo el fotógrafo colombiano Alberto Baraya que con
su proyecto “herbarium of arti cial plants” realiza toda una clasi cación de plantas arti ciales, creadas por el hombre, que son de plástico o tela pero analizándolas como si se tratara de un proyecto cientí co. Y la segunda forma de fotogra ar plantas, tal como hace Macarena, es dejándose llevar por la belleza del tema, sin deliberar nada, simplemente con la sensibilidad de captar los detalles o de intentar convertir las plantas en esculturas visuales a través de la luz y la composición.El tono ocre cercano a la tierra y esa supuesta neutralidad de la clasi cación son elemen- tos que dan calidez a las plantas que observamos, son repeticiones que nos recuerdan al campo, a los viajes dejando atrás vistas de trigales o cultivos de girasoles. Son remembranzas aisladas que al igual que Humboldt terminan en un todo cuando la memoria reconstruye esos recuer- dos del pueblo, de los viajes o de la infancia.Eduardo D´Acosta
1:
 Caixa Forum de Madrid -2013- exposición “Seducidos por el arte. Pasado y presente de la foto- grafía”
Cajasol Sevilla – Mayo 2016- exposición “el impacto de lo viejo”“El objetivo barroco. Fotógrafos del drama” Libro de Valeria Varas; Laura Revuelta